Dentro de 12 años, la Tierra precipitará sequías extremas, incendios forestales, inundaciones y escasez de alimentos, prevé el Panel Intergubernamental Sobre el Cambio Climático de la ONU

Por: Sergio Salazar

ACUSTIK NOTICIAS

Cancún, Quintana Roo.- El desabasto de agua y el aumento de eventos naturales, como huracanes, inundaciones, tormentas y ondas de calor, son señales de que los habitantes de la Tierra enfrentan una de las peores catástrofes de toda su historia. La extinción de decenas de especies animales anticipa lo que le espera a la raza humana, que con apenas 200 mil años en este planeta, lo ha llevado al borde del abismo. En gran medida por el calentamiento global, producto de nuestro exacerbado consumismo.

En el plano local, los resultados son desastrosos. En los últimos 15 años ha muerto el 50% de los corales que originalmente habitaban en las costas del corredor Cancún-Tulum, debido principalmente a la contaminación del agua, el calentamiento y la acidificación de los océanos. Además, se registran cambios en el sistema hidrológico, relacionados con el calentamiento global, como en los flujos superficiales y subterráneos en la circulación superficial y profunda de los océanos, lo que genera tormentas.

El Ing. Carlos Mena, Director Ejecutivo del Centro Mario Molina, explica que para hacer conciencia de este fenómeno no se debe solamente hablar del calentamiento en grados centígrados como tal, que es sólo un indicador de una cuestión mucho más compleja:

“Lo que estamos haciendo es cambiando cómo funciona el clima y esto implica que estamos cambiando cómo funcionan los ecosistemas, y nuestro conocimiento de cómo funcionan los ecosistemas es mucho más limitado de cómo funcionan los planetas, por eso podemos pronosticar los eclipses y no las lluvias”.

Este fenómeno tiene una gran influencia en la proliferación del sargazo, que antes venía del Mar de los Sargazos en el Atlántico Norte, y ahora proviene del norte del Ecuador, entre África y Brasil, en cantidades de las que no se tiene registro reciente, y que está recalando, no sólo al Caribe sino también a Sudamérica y África, explica el Ingeniero Químico por la Universidad Nacional Autónoma de México, y pasante de Maestría por la Universidad de California, Berkeley:

“Seguramente es un fenómeno multi-causal y esta no es la única razón, también el aumento de nutrientes que deriva del caso del América del Sur de las desembocaduras del Amazonas y del Orinoco, y la deforestación que está ocurriendo en el Amazonas que hace que lleguen más residuos, así como el uso de fertilizantes con la introducción de óxido nitroso seguramente contribuye a que los ecosistemas generen más sargazo, en cantidades que no se habían visto”.

El combate al arribo de sargazo es el mismo que debe aplicarse contra el calentamiento global: la reducción de las emisiones de bióxido de carbono a la atmósfera. En 1958 había 315 ppm (partes por millón) de CO2 en la atmósfera; hoy, en el 2018 son 408 ppm. Este fenómeno nunca lo vimos venir, sin embargo, nos da una idea clara de que si no mitigamos las emisiones

en la medida que se calienta el planeta, la aparición de estas sorpresas también aumentará, explica Mena Brito, miembro de la Academia Mexicana de Ingeniería desde 1986:

“Vemos que estamos cambiando la concentración de la atmósfera y para dejar de aumentar la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera tenemos que cambiar muchas cosas, entre otras dejar de tomar combustibles fósiles, lo cual es muy fácil de decir, pero recordemos que esos combustibles fósiles son los que nos dan la electricidad y el transporte, son la base de la industria y de lo que produce prácticamente todo lo que consumimos, y se utiliza muy intensamente en la agricultura también, entonces no se puede por decreto prohibir la extracción y el uso de los combustibles fósiles, al menos que exista un sustituto que no emita”.

Para aplicar estas medidas consensadas en el Acuerdo de París, del que Estados Unidos se salió, hay alternativas de energía, como la eólica, la solar, y la nuclear, que desprestigiada, no se podrá prescindir de ella si queremos realmente resolver este gran problema. Otra solución es capturar el bióxido de carbono proveniente de los combustibles fósiles, para limpiarlo e inyectarlo de nuevo al subsuelo, una solución en extremo costosa y sin garantías de que el gas regrese a la atmósfera.

Y si bien, medidas como duplicar la eficiencia de los vehículos son factibles, el disminuir las emisiones de los edificios y aparatos es una cuestión muy complicada de lograr, ya que la gente estará renuente a dejar de utilizar aires acondicionados, por ejemplo, uno de los mayores consumidores de energía.

El docente e investigador de la Facultad de Química de la UNAM, espera que se logre hacer conciencia social para tomar las acciones pertinentes para evitar, como pronostica el informe emitido por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), que sostiene que el planeta alcanzará el umbral crucial de 1.5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales para 2030, lo que precipitará el riesgo de una sequía extrema, incendios forestales, inundaciones y escasez de alimentos para cientos de millones de personas.

“Tenemos todos un papel que jugar y para aumentar esta conciencia social nosotros pensamos que los niños pueden ser un muy buen vehículo y de ahí viene nuestro interés en esto, porque nosotros creemos que como una derivación de toda esta educación en el cambio climático, nosotros queremos también llegar a los padres de familia, en más largo plazo pero un poco esa es la idea, que esa conciencia que ya exista pues florezca más en nuestra sociedad”.

Facebook Comments